Las familias jujeñas migran hacia el pollo y cortes económicos. Carniceros de barrio lanzan combos de hasta $60.000 para sostener las ventas las ofertas están al orden del día.
El mostrador de las carnicerías jujeñas refleja hoy una de las crisis de consumo más profundas de los últimos años. Tras un reciente aumento en el precio del gancho, los comerciantes locales advierten que las ventas de carne vacuna se desplomaron a la mitad. El fenómeno no es solo una caída en volumen, sino un cambio drástico en la conducta del consumidor, que ha dejado de lado los cortes tradicionales de asado para volcarse masivamente hacia el pollo y el cerdo.
En sectores populares como el barrio Mariano Moreno, los carniceros han tenido que agudizar el ingenio para no perder a su clientela habitual. La estrategia actual se basa en el lanzamiento de combos semanales que rondan los $60.000 o promociones específicas desde los $24.000, buscando ofrecer una solución integral para la mesa familiar. Estas ofertas intentan amortiguar el impacto de una inflación que no da tregua y que aleja cada vez más a la proteína vacuna de la dieta diaria.
La fidelización ahora incluye gestos que antes eran impensados: algunos comercios optan por regalar el carbón o una botella de vino en compras de volumen para incentivar el consumo del fin de semana. “La gente ya no pide por kilo, pide por el monto que tiene en la billetera”, coinciden los expendedores, quienes ven cómo el histórico ritual del asado se posterga o se reemplaza por opciones que castigan menos el presupuesto mensual.
Este escenario plantea un desafío enorme para toda la cadena cárnica de la región. Mientras los costos de logística y mantenimiento de cámaras frigoríficas siguen en ascenso, la demanda interna toca pisos históricos. La transición hacia carnes blancas parece consolidarse en Jujuy, obligando a los puntos de venta a transformarse en unidades de negocios mucho más flexibles y enfocadas en el precio final que en la variedad de cortes.







