Con costos inviables y la hacienda un 70% arriba, la industria cárnica del interior advierte por la pérdida de capital de trabajo y el avance de la faena marginal.


El escenario para la industria cárnica argentina ha pasado de “difícil” a “crítico” en este primer trimestre de 2026. Desde la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (FIFRA), se lanzó una advertencia contundente: la combinación de altos costos operativos, falta de financiamiento y demoras fiscales está asfixiando a las plantas del interior.
Lo que eran presagios hoy son datos duros. Tres plantas exportadoras en Bahía Blanca, Bernasconi y General Pico ya dejaron de operar, afectando una faena que el año pasado superó las 170.000 cabezas. En el resto del país, la reprogramación de turnos y la reducción de horas de trabajo se han vuelto la única vía para intentar frenar la sangría de gastos.
La preocupación se traslada ahora a la cadena de pagos. Ante la ausencia de crédito bancario, el sector sobrevive con financiamiento propio, pero el alargamiento de los plazos de pago está generando descalces peligrosos. A esto se suma el reclamo directo a ARCA (ex AFIP) por el atraso en la devolución de los reintegros de IVA, un recurso que hoy se vuelve vital ante la revaluación de la hacienda.
El informe de FIFRA (Federación de Industrias Frigoríficas) destaca un dato que el consumidor siente en el mostrador: la carne vacuna se alejó definitivamente de la inflación, aumentando un 70%. Hoy, la brecha es histórica: con lo que cuesta 1 kilo de asado se pueden comprar casi 4 kilos de pollo o 2 kilos de cerdo, posicionando a las carnes alternativas como la única opción viable para el bolsillo familiar.