El sector ovino en la región atraviesa una paradoja: nunca hubo tanto interés internacional, pero la falta frena el salto definitivo. El caso de Paraguay, que recientemente habilitó mercados en Israel y Emiratos Árabes, es un llamado de atención para los productores del NOA. La demanda está, pero el stock de vientres no alcanza.

Según referentes del sector paraguayo, la habilitación de Israel en 2024 marcó un punto de inflexión, transformando a la carne ovina de un producto estacional a uno de demanda permanente. Sin embargo, el déficit de hembras reproductoras y la falta de datos censales precisos impiden una planificación seria. En Asunción, por ejemplo, la demanda insatisfecha supera los 650.000 kilos anuales; un escenario que se replica en grandes centros urbanos de Argentina.
La oportunidad para Argentina y el NOA es clara: el mejoramiento genético. Mientras Paraguay busca importar embriones y reproductores de alta calidad desde Uruguay y Argentina, los productores locales tienen la ventaja competitiva de la base productiva.
El desafío, tanto allá como aquí, sigue siendo el mismo: financiamiento con tasas acordes, formación de técnicos especializados y una coordinación público-privada que permita “limpiar” la cadena de valor. Como señalan los expertos: “Hay que consolidar las bases en casa para poder cumplir afuera”.