El auge energético atrae inversiones masivas y plantea el desafío de planificar el territorio sin perder la identidad frutícola de la región.
La economía del Valle del Río Negro atraviesa un proceso de reconversión estructural impulsado por el avance de las industrias hidrocarburífera y minera. Mientras estos sectores concentran el interés de las inversiones y la agenda pública, la histórica producción de peras y manzanas enfrenta un escenario complejo que exige modernización e inversión tecnológica para mantener su competitividad regional.
Especialistas del sector agrario señalan la necesidad de aplicar un enfoque de planificación territorial que preserve las tierras de mayor aptitud agrícola frente a la expansión industrial y urbana. La fruticultura cumple un rol clave en la sostenibilidad ambiental como pulmón verde de la región, además de generar una fuerte identificación social y arraigo productivo entre las comunidades locales.
Para revertir la pérdida de superficie cultivada, el sector privado plantea que se requiere financiamiento de largo plazo destinado a la reconversión varietal y la incorporación de tecnología. Estimaciones técnicas del INTA indican que la reconversión de una hectárea con sistemas modernos de protección contra heladas, granizo e infraestructura de riego eficiente demanda una inversión aproximada de entre 55.000 y 60.000 dólares.
Frente a esta coyuntura, la articulación entre el sector privado y los gobiernos subnacionales resulta indispensable para promover reducciones en las cargas tributarias locales e inversiones viales. El fortalecimiento de la infraestructura de transporte y el crédito fomentarán la convivencia armónica entre el desarrollo energético y el entramado frutícola del Valle.





