El proyecto SADDN alcanza el 90% de avance y redefine la minería regional al bombear agua desalinizada a más de 3.000 metros de altura en el desierto de Atacama.

El proyecto Suministro de Agua Desalada para el Distrito Norte (SADDN), se encamina a su etapa final, marcando un momento sin precedentes en la infraestructura minera de América Latina. Con un avance superior al 90%, esta obra liderada por Techint para Codelco consiste en una planta desalinizadora en el Pacífico y un acueducto de 160 kilómetros. El sistema desafía la geografía extrema del desierto de Atacama, transportando el recurso hídrico desde la costa hasta los yacimientos de cobre ubicados a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar.

La relevancia de esta inversión de US$ 1.000 millones radica en su impacto ambiental directo. Al abastecer con agua de mar desalinizada a minas clave como Chuquicamata y Radomiro Tomic, la industria busca reducir drásticamente la dependencia de los acuíferos subterráneos y fuentes continentales. En una de las zonas más áridas del mundo, esta transición hacia el uso de agua desalada asegura la continuidad operativa de la minería sin comprometer la sostenibilidad de los ecosistemas locales.

Desde el punto de vista técnico, la construcción ha integrado tecnología de vanguardia, como el uso de LiDAR para levantamientos topográficos de alta resolución sobre más de 2.800 hectáreas. La complejidad de la obra incluye tres potentes estaciones de bombeo diseñadas para vencer la gravedad y garantizar un flujo constante de 840 litros por segundo, con capacidad de duplicarse en el futuro. Estas especificaciones posicionan al proyecto como un referente de ingeniería para los futuros desarrollos mineros en el NOA.

Con su finalización prevista para 2026, el SADDN no solo asegura la viabilidad del mayor productor de cobre del mundo, sino que establece un nuevo estándar para la minería moderna: la desalinización como eje de la licencia social y ambiental. Este modelo de “producir sin presionar al territorio” es la tendencia global que comienza a definir los proyectos de inversión en toda la región, demostrando que la innovación tecnológica es el puente necesario hacia una actividad extractiva responsable.