El Gobierno detalló los alcances del nuevo Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones. Para el agro, eliminaron los montos mínimos y aceleraron el recupero del capital en tecnología clave.
¿Qué es el RIMI y por qué le sirve al productor? A diferencia del RIGI (orientado a grandes proyectos), el RIMI es un sistema de incentivos diseñado específicamente para las PyMEs. Su gran atractivo no es un subsidio directo, sino un fuerte beneficio fiscal: permite la amortización acelerada, lo que significa que la empresa puede deducir el gasto de sus inversiones de forma mucho más rápida en el Impuesto a las Ganancias, mejorando drásticamente su flujo de caja y solvencia.
El Gobierno Nacional puso en marcha este esquema a través del Decreto 242/26. Si bien el régimen general exige inversiones mínimas que parten de los 150 mil dólares, la normativa contempla una excepción estratégica para el sector agropecuario: las inversiones en sistemas de riego, mallas antigranizo y genética animal (semovientes) no tendrán piso mínimo de ingreso y podrán amortizarse en tan solo un año.
Para el productor jujeño, esto representa una oportunidad real de tecnificación. En sectores como el tabaco o la frutihorticultura, donde el granizo y la sequía son amenazas constantes, la posibilidad de recuperar fiscalmente la inversión en mallas o equipos de riego en solo 12 meses es un incentivo de alto impacto. Además, el beneficio incluye las obras complementarias necesarias para la puesta en marcha de estos sistemas, así como mejoras en eficiencia energética.
En cuanto a la ganadería, el RIMI apunta a la mejora del rodeo. Las inversiones en reproductores de genética superior —puros de pedigrí o controlados— también entran en el esquema de amortización de un año. Esto facilita el acceso a tecnología biológica para fortalecer la calidad cárnica, un proceso que habitualmente tiene plazos de amortización mucho más largos.
Finalmente, el régimen se complementa con la devolución anticipada de créditos fiscales de IVA a los tres meses de la inversión y la ratificación de la baja del IVA eléctrico para riego (del 27% al 10,5%). Con una vigencia de dos años para adherir, el RIMI se posiciona como la herramienta clave para modernizar el entramado productivo regional en un contexto desafiante.