El informe del INDEC para el primer trimestre de 2026 muestra un crecimiento del 6,6% en la producción de alcohol de caña. En contraste, el sector industrial padece una caída del 9,6% en la distribución de gas, comprometiendo la operatividad fabril.

La matriz energética nacional evidencia un comportamiento divergente en el arranque de 2026. Mientras que el sector de los biocombustibles se consolida como un motor de expansión, la industria enfrenta una preocupante retracción en la disponibilidad de gas natural. Según datos oficiales del INDEC, la producción de bioetanol de caña registró un avance del 6,6% interanual durante el primer trimestre, impulsando el crecimiento de las energías renovables, un dato fundamental para las economías regionales.

Sin embargo, este dinamismo de las renovables ocurre en un contexto de serios cuellos de botella para el sector fabril. La distribución de gas natural —excluyendo el consumo de centrales eléctricas— sufrió una caída del 9,6%, impactando directamente en la competitividad de las plantas industriales. Esta restricción en el fluido ha generado alertas en las cámaras empresarias, especialmente en los polos fabriles del NOA, donde la necesidad de energía constante es vital para sostener los niveles de producción.

Al analizar los componentes del Indicador Sintético de Energía (ISE), se observa que, pese al crecimiento del 1,2% en el índice general, las tendencias son variadas. Mientras el bioetanol y el biodiésel —este último con un salto productivo del 12,5%— marcan un sendero positivo, la generación eléctrica neta mostró una retracción del 1,6%, parcialmente compensada por un crecimiento del 6,5% en la energía autogenerada por los sectores minero e industrial, que buscan autonomía ante la incertidumbre del suministro.

De cara al próximo trimestre, las expectativas empresariales mantienen una cautela lógica. Si bien el sector gasífero muestra un compromiso del 100% en la realización de inversiones para ampliar servicios y mejorar la calidad, el sector eléctrico proyecta un escenario de demanda estancada o en descenso. En este tablero complejo, el biocombustible no solo reafirma su rol como alternativa renovable, sino que se posiciona como una pieza clave para la estabilidad operativa en un año donde la eficiencia energética será determinante.