Un estricto control zoofitosanitario, la región se consolida como zona libre de enfermedades clave para el comercio internacional. El Senasa reafirma el sistema de barreras como pilar del éxito en peras, manzanas, cerezas y carnes.
La Patagonia argentina no solo compite por la calidad de sus productos, sino por un atributo intangible que se ha vuelto el motor de su desarrollo económico: su estatus sanitario diferenciado. A través de una gestión coordinada entre el Senasa, las provincias y la Fundación Barrera Patagónica (FUNBAPA), la región ha logrado mantenerse exenta de plagas y enfermedades que limitan el acceso a mercados globales de alta exigencia, tales como la mosca de los frutos, la fiebre aftosa sin vacunación y la anemia infecciosa equina.
Este blindaje sanitario es el resultado de un sistema preventivo complejo que incluye doce puestos terrestres fijos, unidades móviles y controles exhaustivos en puertos y aeropuertos. El valor de este despliegue se refleja en las cifras de 2025: la región certificó la exportación de más de 429.000 toneladas de frutas (peras y manzanas) y más de 5.200 toneladas de cerezas, además de consolidar un mercado externo para la carne ovina y la lana. En el sur bonaerense, la producción bovina y una actividad pesquera marítima que supera las 380.000 toneladas certificadas, completan un panorama productivo robusto.
El reconocimiento de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) como zona libre de fiebre aftosa sin vacunación desde 2002 es, quizás, el activo más valioso de esta estrategia. Esta calificación no es azarosa, sino el fruto de un consenso entre el sector público y el privado sobre la importancia de la inocuidad. “La colaboración de la ciudadanía es clave para sostener estos estatus”, remarcan desde el Senasa, conscientes de que cualquier flexibilización en los controles podría poner en riesgo años de apertura comercial.
En un mundo que demanda cada vez más garantías sobre el origen y la sanidad de lo que consume, la Patagonia se ha transformado en un caso de estudio sobre cómo la integración sanitaria puede potenciar las economías regionales. El desafío para los próximos años será mantener este estándar de excelencia ante las nuevas presiones climáticas y comerciales, asegurando que el “sello patagónico” siga siendo sinónimo de máxima calidad en los mercados más competitivos del mundo.







