El mercado ganadero argentino acaba de romper el termómetro. Con el ternero de invernada (180-200 kg) alcanzando los US$ 4,40 por kilo ($6.500) en dólares constantes, el sector pulveriza cualquier registro previo. Para dimensionar el salto: el promedio de la última década orbitaba los US$ 1,80; estamos ante un valor 140% superior a la media histórica.

Esta escalada no es casual, sino la convergencia de tres factores críticos. Primero, una baja faena que ha “secado” el mercado de disponibles. Segundo, la “aspiradora” asiática y occidental, con mercados como Vietnam e Indonesia sumándose a China en la presión alcista. Finalmente, una retención de vientres estratégica: el productor, ante la expectativa de precios mayores, “cierra la tranquera” para agrandar el rodeo.
El dato que hoy pesa en el escritorio del productor es la capacidad de compra frente a la inflación. Mientras el costo de vida subió un 30% entre febrero de 2025 y 2026, el novillito trepó un 89%, generando una ganancia real del 59%. Con insumos bajo control (crecieron solo un 40%), el margen neto de operación se ha ensanchado significativamente.
Este escenario consagra al criador como el gran protagonista, permitiendo inversiones en genética y pasturas antes impensables. Sin embargo, impone un desafío extremo al feedlot, que hoy enfrenta costos de reposición altísimos y requiere una eficiencia quirúrgica.
Para el NOA y particularmente para Jujuy, este récord es un incentivo directo. La firmeza de la demanda global sugiere que estos valores llegaron para quedarse, convirtiendo a la ganadería en el refugio de valor más eficiente del agro actual.