Investigaciones recientes de la Unidad de Producción Intensiva de Carne (UPIC) confirman que el uso de arroz con cáscara quebrado no es solo una alternativa viable, sino una herramienta estratégica capaz de sustituir hasta un 45% del maíz en dietas de corral. Los resultados, validados tras cuatro años de ensayos, prometen optimizar los márgenes económicos del ganadero sin sacrificar la calidad de la res.
Uno de los hallazgos más disruptivos del Ing. Agr. Álvaro Simeone y su equipo se dio en la recría sobre pasturas. Al utilizar arroz quebrado en comederos de autoconsumo, los terneros pasaron de ganar 600 gramos (solo pasto) a un promedio de 1,2 kg diarios. Este “efecto sustitución” no solo potencia el peso individual, sino que libera forraje, permitiendo aumentar significativamente la carga animal por hectárea.
Una preocupación histórica del productor es el riesgo de acidosis al cambiar granos. Sin embargo, la investigación demostró que la proporción de cáscara en el arroz quebrado actúa como un regulador natural. Incluso con consumos cercanos al 2% del peso vivo, el ambiente ruminal se mantuvo estable, garantizando una performance superior sin comprometer la salud del animal.
En sistemas de terminación a corral, el arroz con cáscara demostró ser un reemplazo sólido para el maíz en dietas de alta concentración energética. El estudio concluyó que:
• Se puede sustituir hasta el 45% del maíz sin deprimir la ganancia de peso.
• No existen diferencias en el espesor de grasa subcutánea ni en la calidad final de la carne.
• El aprovechamiento del almidón del arroz resulta altamente eficiente para el metabolismo bovino.
El Ing. Simeone advierte que la forma de suministro depende del sistema. Para suplementación en pastoreo, el grano seco (14% humedad) quebrado es ideal para autoconsumo. En cambio, para feedlot, la recomendación es la cosecha húmeda (27-28%) y el posterior ensilado, lo que mejora la digestibilidad total en todo el tracto digestivo.