El consumo de palta en Argentina no tiene techo y pero la producción local no logra seguirle el ritmo. Según datos recientes de la consultora Avobook (una plataforma global de inteligencia de mercado), durante 2025 Argentina dio un salto histórico en sus importaciones, alcanzando los 2.605 contenedores, más del doble de lo registrado el año anterior.

Aunque el NOA —con Tucumán, Salta y Jujuy a la cabeza— es el corazón productivo de la palta Hass en el país, la ventana de cosecha local (mayo a septiembre) resulta insuficiente para un consumidor que demanda el fruto todo el año. Esta brecha ha consolidado una fuerte dependencia de los mercados externos: hoy, el 65% de las paltas que ingresan al país provienen de Chile, seguido por un Perú que recupera terreno con el 18%.
Para el sector productivo jujeño, estas cifras no son solo estadísticas de importación, sino una hoja de ruta de inversión. Mientras que Brasil aumenta su volumen, pero pierde terreno relativo frente a la hegemonía chilena, Jujuy tiene el desafío de extender su capacidad de almacenamiento y producción para cubrir los meses de escasez.
El mercado interno argentino se ha vuelto tan voraz que, a pesar de que existen nichos de exportación hacia el Reino Unido y Chile, la verdadera urgencia —y rentabilidad inmediata— parece estar hoy en sustituir esas importaciones que no paran de crecer.