El viral que encendió las alarmas en San Juan fue analizado por la Dirección de Vitivinicultura. Si bien el producto es técnicamente posible, dista años luz de un vino real: pierde sus propiedades esenciales y su uso es meramente industrial.

Una imagen de “vino en polvo” listo para diluir causó revuelo en los círculos vitivinícolas de San Juan. Ante la incertidumbre, Juan Carlos Hidalgo, director de Vitivinicultura, intervino para aclarar que, aunque el concepto existe, el proceso de deshidratación destruye la identidad de la bebida. Al intentar convertir vino líquido en polvo, se eliminan por evaporación los alcoholes y los aromas —las dos “columnas vertebrales” de la bebida—, resultando en un producto “inerte” que no puede compararse con un vino tradicional.

Desde el punto de vista técnico, el funcionario explicó que el resultado de este proceso carece de los matices y la estructura necesarios para su consumo directo. Lejos de ser una alternativa para la mesa familiar o las peñas, el vino en polvo tiene fines exclusivamente industriales. Se utiliza principalmente en el sector gastronómico, donde funciona como sazonador, colorante natural o agente que aporta acidez a preparaciones gourmet; y en la industria cosmética, aprovechando sus polifenoles y propiedades antioxidantes para el cuidado de la piel.

Hidalgo fue tajante al desnaturalizar el fenómeno: gran parte de lo que circula en redes podría ser incluso una creación de la inteligencia artificial, diseñada para captar la atención. En cambio, el verdadero desafío y oportunidad para la vitivinicultura argentina radica en otra tendencia técnica: los vinos de baja graduación alcohólica. A diferencia del producto deshidratado, estas nuevas propuestas mantienen el perfil organoléptico y la frescura del vino original, adaptándose a las nuevas exigencias de un consumidor que busca calidad, pero bajo un paradigma de consumo saludable y responsable.

Este episodio sirve para reafirmar la importancia de proteger la denominación y la cultura vitivinícola frente a las tendencias virales. Mientras el mercado busca formas de innovar, la ciencia argentina sigue centrada en potenciar la calidad del producto original, manteniendo el respeto por los procesos tradicionales que le otorgan a nuestros vinos su reconocimiento internacional, en lugar de diluir su esencia en un experimento de laboratorio.