Tras cuatro décadas de contaminación ininterrumpida, investigadores avanzan en una técnica biotecnológica que utiliza bactericidas naturales de la Puna para frenar el drenaje ácido y proteger el ecosistema de San Antonio de los Cobres.
El impacto de la actividad minera histórica en la Puna salteña enfrenta un nuevo horizonte de solución. La mina La Concordia, cerrada definitivamente en 1986, ha dejado como legado un pasivo ambiental crítico: cuatro diques de cola sin impermeabilización que liberan metales pesados y aguas ácidas sobre el arroyo Concordia, afluente vital para la zona. Sin embargo, un equipo multidisciplinario del CINDEFI (CONICET-UNLP), liderado por la Dra. Josefina Plaza Cazón, desarrolla una estrategia de biorremediación que promete revertir décadas de degradación.
La innovación central consiste en un bactericida natural, formulado a partir de compuestos bioactivos extraídos de plantas nativas de la región. A diferencia de los métodos convencionales que neutralizan el agua una vez contaminada, este desarrollo actúa sobre la raíz del problema: inhibe la proliferación de las bacterias que aceleran la oxidación del azufre y la liberación de metales. Esta tecnología es especialmente valiosa por estar adaptada a las condiciones extremas de altura, temperatura y radiación de la Puna, donde soluciones externas suelen fallar.
El proyecto, que avanza hacia las pruebas de campo, complementa esta estrategia con el estudio de especies vegetales como la “tola” (Parastrephia quadrangularis) y hongos micorrícicos, capaces de estabilizar contaminantes en suelos degradados. El estudio, respaldado por mediciones científicas recientes que confirman niveles de metales como plomo y arsénico muy por encima de los parámetros de seguridad, ofrece una luz de esperanza para la recuperación ecológica de un área protegida de gran fragilidad.
Más allá del avance técnico, el trabajo destaca por su enfoque participativo. El equipo científico mantiene una colaboración estrecha con la Comunidad Kolla El Desierto, integrando sus conocimientos territoriales e incorporando a estudiantes locales a las campañas de investigación. Esta sinergia es fundamental para garantizar que la restauración ambiental contemple las necesidades y derechos de los habitantes de la zona, marcando un precedente clave para el manejo responsable de los pasivos mineros en el Noroeste argentino.







