Desarrollada por un físico británico, esta tecnología inspirada en la naturaleza crea una barrera térmica biodegradable que protege cultivos hasta los -20°C, utilizando solo una fracción del agua que requiere el riego por aspersión.
La lucha contra las heladas en la agricultura intensiva está a punto de cambiar gracias a “Frosco”, una espuma de origen vegetal, biodegradable y biocompatible. Creada por el físico y productor George Klat, esta innovación utiliza los principios de la termodinámica para envolver los cultivos en una capa protectora que conserva el calor latente. A diferencia de los métodos tradicionales de riego por aspersión, que demandan grandes volúmenes de agua durante toda la noche, Frosco requiere apenas un 10% a 15% de humedad en su composición para ser efectiva.
El secreto de su funcionamiento radica en la liberación de calor progresiva. Cuando la temperatura desciende, el agua contenida en las microburbujas de la espuma comienza a congelarse, liberando calor latente que mantiene estables los tejidos de flores y frutos. Esta estructura de millones de burbujas actúa como un aislante térmico de alta densidad que se cristaliza sobre la planta, permitiendo resistir eventos climáticos extremos de hasta -20°C sin dañar la estructura vegetal.
Además de su eficiencia técnica, la espuma destaca por su perfil sustentable. Elaborada con componentes orgánicos utilizados en la alimentación humana y animal, es totalmente biocompatible y no deja residuos químicos en el suelo ni en los frutos. Su aplicación es sumamente flexible, pudiendo utilizarse desde pulverizadores manuales hasta sistemas automatizados en tractores, lo que facilita su adopción en viñedos y montes frutales de alta densidad.
En un contexto de cambio climático donde las heladas tardías son cada vez más impredecibles y el recurso hídrico es escaso, tecnologías como Frosco se posicionan como aliados estratégicos. Para regiones con gran variabilidad térmica, esta solución no solo asegura la cosecha, sino que optimiza el uso del agua, transformando la gestión del riesgo climático en una práctica más sostenible y eficiente.







