Lo que comenzó como una curiosidad importada se ha transformado en una alternativa productiva real para el NOA. Jujuy ya concentra más del 30% de la producción total de Pitahaya en Argentina, consolidándose junto al Litoral como los polos estratégicos de este cultivo.
Según el INTA, esta fruta no solo es atractiva por su estética exótica, sino por su extraordinaria capacidad de adaptación a zonas áridas y su bajo requerimiento de agua.
Para los productores locales, la “fruta del dragón” representa una oportunidad de diversificación ante el cambio climático. Con un mercado global en expansión y una demanda creciente de alimentos con altos niveles de antioxidantes, Argentina busca dejar de ser un comprador para convertirse en un competidor serio en las góndolas internacionales.
En el territorio jujeño, el mapa de la pitahaya se dibuja en dos frentes estratégicos. Por un lado, el departamento Ledesma (Yuto y El Bananal) y Palma Sola aprovechan el calor húmedo de las Yungas para obtener frutos de gran tamaño y sabor intenso. Por otro lado, la zona de Perico (El Milagro) lidera una reconversión histórica: antiguos productores tabacaleros están transformando sus fincas en reservorios de esta fruta exótica, demostrando que el valle templado es un terreno fértil para la innovación frutícola que exige el mercado global.”
Sin embargo, el camino hacia la exportación masiva requiere superar barreras logísticas y técnicas. Al ser una fruta sumamente delicada, el INTA trabaja junto a los productores jujeños en la optimización del manejo de postcosecha y en la creación de protocolos de transporte que aseguren la calidad del producto en viajes de larga distancia. El objetivo estratégico es claro: que la Pitahaya de Jujuy no solo abastezca el creciente mercado interno de alimentación saludable, sino que se convierta en una nueva fuente de divisas aprovechando las ventanas de contraestación frente a los grandes productores asiáticos como Vietnam.







