El ministro de Producción mendocino, Rodolfo Vargas Arizu, asegura que la migración de lotes de vid hacia la producción de carne no es un riesgo, sino una “virtud” de la libertad de mercado y la eficiencia productiva.

La fisonomía productiva del sur de Mendoza está experimentando una transformación histórica. Zonas históricamente dedicadas a la uva o la horticultura están virando hacia la ganadería de precisión, impulsadas por una mayor rentabilidad y un menor riesgo comparativo. Según el ministro de Producción, Rodolfo Vargas Arizu, este fenómeno lejos de ser una amenaza para la identidad mendocina, representa una adaptación necesaria a los nuevos tiempos económicos y a la estabilidad macroeconómica actual.

El crecimiento del rodeo en el sudoeste provincial viene acompañado de un salto cualitativo en genética. Amadeo Derito, presidente de la Asociación Argentina de Angus, destaca que los remates de toros criados a pasto y con alta rusticidad en La Pampa tienen hoy como principales compradores a productores mendocinos. Este interés por la genética adaptada se complementa con la incorporación de nuevas pasturas y cultivos de servicio, fundamentales para sostener la actividad en zonas áridas.

La visión oficial subraya que en un contexto de libertad de mercado, el productor debe tener la posibilidad de elegir la actividad más eficiente. “La vitivinicultura va cambiando, cambian las preferencias y los gustos”, afirmó el ministro, quien también destacó el potencial de Mendoza en la producción de semillas híbridas de exportación. La provincia busca así ampliar su matriz, aprovechando su histórica profesión hortícola para integrarla con sistemas ganaderos modernos.

Para el sector agroindustrial, el lanzamiento del RIMI (Régimen de Incentivos a las Medianas Inversiones) se presenta como una oportunidad para financiar estas adecuaciones de mercado. Con la liberación de las exportaciones y un tipo de cambio estable, Mendoza proyecta un escenario donde la convivencia entre la vid, la fruticultura y la ganadería no solo sea posible, sino que fortalezca la competitividad global de la región frente a los cambios de consumo.